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ENTRE EL LÍMITE, tierra de nadie




































Longos
1994, Hugo Zapata. Esculturas en lámina de hierro, 30 metros de largo.

Decidimos salir a intervenir el costado de una pieza de todo el conjunto de tres esculturas del artista Hugo Zapata, efigies de forma piramidal que aparecen como una proyección en perspectiva por la calle 26 con carrera 50 en la ciudad de Bogotá. Nosotros casi con la misma intención que describe esta reseña publicada por el museo de arte moderno para su exposición en el 2007 emprendimos también una tarea: Cuando Hugo Zapata sale al jardín de su casa-estudio en Medellín y observa las piedras que serán intervenidas por él, siente el reclamo de que durante años han estado allí sin ser transformadas en signos de huella y memoria o de lo sagrado y lo ritual, con ese carácter lírico y primigenio que les imprime al convertirlas en esculturas.

Cuando salimos a la calle sentimos una intensidad, el reclamo de que durante años las cosas o las situaciones han estado allí sin la obligación de ser consideradas y transformadas. Sabemos en un principio que desarrollamos una empresa de lo incierto, en primera medida porque la acción pudo o puede estar sentenciada por un delito que esta señalado como vandalismo y detrimento a monumento publico; en segundo lugar las acusaciones no son judiciales sino éticas, que y como lo hacemos ¿arte? Y en último lugar el reclamo es de tipo conceptual, que tipo de intervención se desarrolló, intervención a monumento que conmemora la vida de una cultura joven o intervención a espacio publico que señala, cuestiona y activa un espacio especifico de la ciudad(1).

Entre el límite representa estar al borde de todas estas situaciones, no propiamente entendida como una posición en la que fácilmente podemos escabullirnos en la noche para hablar de una intención con un principio artístico, entre el límite es trabajar en ese costado de la pirámide en el que nos sentíamos menos vulnerables y visibles, dibujando líneas ondulantes que parecen muchas cosas, todas o las que ustedes quieran; entre el límite es permanecer en tierra de nadie ¿lo público? no lo se, lo importante es tener la determinación para empezar a habitarla, hay que aprovechar la coyuntura en la que todos dudan y en la que se pretende permanecer de cualquier forma menos expuestos.

1. Vanegas, Carolina. Bogotá: Reflexiones sobre arte publico 2006.

Gimena Zambrano León y Cristian Prieto

2 comentarios:

Frey Alejandro Español Rairán dijo...

Sobre obras que posan...

Algunos artistas hacen instalaciones para tomar una foto que luego será vendida o en su defecto acompañará un catálogo, sin ser la instalación en sí misma la obra, que resulta ser un libro o una fotografía. Un caso que me sorprende es el de Gabriel Orozco, en “arena sobre la mesa” o “isla dentro de la isla”, performances como caminar, recoger material, cargarlo, arrastrarlo, acumularlo frente a la mirada desatenta y desinteresada de personas, para después fotografiarlo.

A lo largo de estos meses discontinuos de trabajo en y con el espacio público he descubierto que en este caso el simple registro resulta engañoso, es como cuando Beatriz González intentaba entender y reflexionar sobre la historia del arte, pero no del arte producido por los artistas, sino producido por las editoriales. Acentuando la idea de que las imágenes de los cuadros de Cezanne o de Picasso que conocemos, no son realmente un Cezanne o un Picasso, son una impresión-reinterpretación de dichos cuadros descompuesta en CMYK para su impresión Offset.

Las obras se las traga el espacio público, por tamaño como las naranjas al respaldo del MOMA de NewYork, frente a una fachada de un edificio el gesto de poner unas naranjas en la ventana resultan insignificantes; por camuflaje, la diversidad de relaciones que ocurren ahí hace indistinguible un gesto que resulta insignificante.

El registro se convierte en fundamental es lo que hace que una de tantas cosas que pasan en el espacio público sea considerada. Se le señala. A excepción de la escultura conmemorativa y de la moderna, lo que conozco de ese “arte público” es a través de fotografías, incluso uno de los artistas cuyo trabajo me sorprende es un grafitero que trabaja en función del video: BluBlu.

En estos trabajos recientes, de los cuales no he participado directamente he notado una cierta desilusión, así como a mediados de siglo XX se hablaba de una cierta “aura” del objeto original frente a la desilusión de su reproducción, en la actualidad el registro nos propone una desilusión frente al original. En la intervención sobre una de las esculturas de Hugo Zapata en la avenida el dorado (de la cual no participé), pensé que era una peladura sobre la superficie de la misma escultura, pero días después, por comentarios de Cristian me desencanto al referir sobre la verdadera técnica: tiza sobre escultura... Ahora tendré que comprobar la verdadera existencia de la “obra” y corroborar la intensidad “real” de su aura...

cristian dijo...

La desilusión puede que sea más grande Frey, de ese gesto insignificante del cual usted no participo ya no queda huella. Lamento que el contacto que pudo estrechar con esa intervención sea tan pasajera como nuestro cruce de palabras y tan dudoso como se le presenta en el registro fotográfico.

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